Quinto o sexto blog, ai don't rimember ya. Lo que se aprende con todo esto es, queridos niños, las palabras no se las lleva el viento, se quedan todas en un servidor y en la memoria de mucha gente. De demasiada gente. De todas aquellas gentes que, quieras o no, te ven. Te leen. Te siguen.
A veces, muchas, mola todo.
Otras veces, bastantes también, te entran ganas de cagartenlaputadeorosborregos.
Y en ocasiones, todo te importa un carajo de tal tamaño que, pese a saber que las cosas que cuentas ya no son tuyas, sigues ahí.
La egolatría. El nihilismo. La vanidad. El ser gilipollas. Mostrarte. Ser. Quetevean. No se.
En cualquier caso, resetear es la mejor forma de seguir siendo. Es un borrón y cuenta nueva.
Es refresacante.
Y además, aunque me conozcáis... aunque siga siendo Fle, lejos del flis, flis asesino... no se, es distinto. Y siempre me quedarán las Ciudades Invisibles para poder seguir narrando lo que me rote, aunque el siginficado final de blog sea escaparatismo de palabras puro y duro.
¿Para qué voy a contar mis penas si nadie las lee? ¿Para qué vamos a escribir mierdas como pianos o a demostrar cosas, para qué vamos a dar envidia o a ser bipolar o ciclotímico o dulce o un cabrón de tres pares de cojones si no hay nadie al otro lado para que te juzgue?
Imagino que de ahí a no eliminarme del todo de forma internáutica. Porque el pixel es lo mismo para el hombre negro que el blanco qeu para la flefa rubia que la humana... rubia también. Anda, mira, oye, toma.
Y me gusta comer ganchitos con tenedor. Y beber cerveza. Nada nuevo, como les decía, aunque todo esto cada vez me defrauda más... peeero, seguiremos, un ratito, hasta que abandone por olvido.
Besicos mil.